A quién sigues: a un político o a un politiquero?

La política es una ciencia.
Y, más aún, es un arte y habilidad de luchar por los demás.
Desde la antigüedad, el hombre hace política.

El ser humano, dijeron los pensadores griegos, es un
”animal político“. Y tuvieron mucha razón con esa definición porque se debe cuestionar a quien diga que no lo es.

Cada día se hace política.
No es necesario ni indispensable o condición ser integrante o militante de un partido, grupo o movimiento para ejercer el oficio ciudadano.
Hasta cuando se compra el pan de cada día se hace política.

La política ha sido denostada, maltratada y desprestigiada por los que se dedican a esta actividad, pero en contra de todos los esquemas morales.
Sin embargo, la política no tiene culpa de esas injustas acusaciones.
Siempre seguirá siendo la noble ciencia u oficio universal.
Sin ella es imposible la vida en la sociedad humana.

Suelen existir los políticos, algunos, los menos, hacen política entendida como ciencia o como operación que contribuye a crear mejores condiciones de vida a los ciudadanos.
Quienes tienen la culpa son los personajes funestos que en nombre de la política, la dañan cada día.
Esos son los politiqueros, los arrimados a la política con intenciones reñidas con toda ética pública.
En los países empobrecidos, sin cultura propia ni criterio político de América Latina abundan estos personajes mezquinos y perversos.

Son oportunistas, mediocres, incultos, tramposos, irresponsables, nefastos, mentirosos y corruptos que provocan que
millones de ciudadanos estén inmersos en la injusticia y la precariedad, y que vivan en las peores condiciones: bajos salarios, miserables pensiones, precarias condiciones laborales y en extrema pobreza.
Y, por las acciones de los politiqueros, muchos pueblos enfrentan calamidades constantes como alzas del transporte, de la luz, del agua y de los otros servicios esenciales.

Son los politiqueros obscenos que imponen los privilegiados de las castas gobernantes y empresariales, que se han mantenido por siglos en el poder.
Por esa peste humana, los malos gobiernos no dan respuestas a los graves problemas de la educación, salud y seguridad.
Solo dan calmantes que no sirven o promesas para aletargar los sueños ciudadanos.

Son los que hacen fracasar todo modelo de desarrollo y desprestigian de manera absoluta a la
‘clase política ‘
–irritante expresión–.
Representan la
degeneración de la política porque intervienen en ella con propósitos turbios, solo para ganancia personal o de grupo, y se aprovechan de forma egoísta del poder o la posición pública.

La politiquería no tiene nada que ver con los intereses generales de una población.
La politiquería se diferencia de la política en que esta última tiene una noble misión de consagrarse al interés general y de servir a los demás.
La politiquería se desarrolla en medio de intrigas, maniobras, bajezas, impreparación y oportunismo de sus protagonistas.

Los verdaderos móviles de la politiquería son la voracidad por el dinero o el poder, o la envidia, el rencor y los celos.
Los escasos políticos bien inspirados están desafiados.

El escritor y pedagogo Luis Reissig definió al político en los años 40, cuando se le preguntó ¿Qué es tener una política?
Expresó: saber adónde se va, cómo se va y a qué se va.
Y agregó: no basta tener una política para tener un ideal político.
Un ideal político es indivisible de una moral política.
Política tienen todos.
Moral política, no.

Significa que la política no es el arte de la zancadilla ni menos la práctica del embuste.
Esas son nefastas conductas que deben ser desterradas.
Por eso, los medios de prensa y los periodistas han de ser creíbles, decir la verdad, y no responder a los monopolios de la información manipulados por charlatanes de la politiquería sucia.
Deben ser abanderados de la ética política y la razón porque solo así pueden contribuir al progreso de su gente y de su nación.
No deben defender a los farsantes de la política ni a los perversos de la politiquería.

El filósofo y dramaturgo alemán Bertolt Brecht (1898 – 1956) dijo que “el peor analfabeto es el analfabeto político porque no sabe que el costo de la vida, el precio del pan, del pescado, de la harina, del alquiler, de los zapatos o las medicinas dependen de decisiones políticas.
De su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y, el peor de todos los bandidos que es el político trapacero, granuja, corrupto y servil de las empresas nacionales e internacionales”.

Carrera de Ciencias de la Comunicación - Universidad de Chile

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